Como mis relatos han comenzado a dispersarse por el espacio cibernético, es bueno que abra un lugar donde poder, amorosamente, reunirlos. Espero compartirlo con aquellos que disfruten con la lectura, uno de los más valiosos tesoros que le fue dado al ser humano
lunes, 6 de agosto de 2018
jueves, 19 de abril de 2018
Se es docente cuando...
Temas:
La relación entre enseñar y
aprender.
El pensar como oficio de mano.
Elaboración y
comentarios de la Prof.
Martha Alicia Lombardelli
Citas tomadas del libro ¿QUE SIGNIFICA PENSAR? (1951-2) de M.
Heidegger, Editorial Nova, Bs.As, 1964.
“(...)
tratamos aquí de aprender a pensar.” pag.19.
Heidegger
nos propone “aprender a pensar”,
diferenciando el modo de pensar propio
de la ciencia, -al que denomina ‘pensar de cálculo’-, y el pensar filosófico o ‘pensar de meditación’.
APRENDER:
“Aprender significa ajustar nuestro obrar y no-obrar a lo que en cada caso se nos atribuye como esencial. Según sea la índole de lo esencial, según el ámbito
de donde provenga su atribución, será distinta la correspondencia y, con esto,
la clase de aprendizaje requerido.
Un
aprendiz de carpintería, por ejemplo, uno que aprende a fabricar armarios y
objetos similares, ejercita
aprendiendo no solamente la habilidad en el uso de las herramientas. Tampoco se
limita a familiarizarse con las formas usuales de los objetos que ha de
confeccionar. Si es que llega a ser un auténtico carpintero sabrá, sobre todo, corresponder a las diversas clases de madera y las formas posibles que encierra todavía
latentes; se ajustará, pues, a la madera tal como ésta con la oculta
plenitud de su esencia integra el habitar del hombre. Esta relación con la
madera imprime su sello en todo el oficio. Sin esta relación se queda estancado
en un activismo inane. Su ocupación se determinará entonces únicamente por el
negocio. Todo oficio, toda actividad humana está siempre expuesta a este
peligro. La poesía se exceptúa tan poco de ella como el pensar.
Más, el que
un aprendiz de carpintero llegue , o no, durante su aprendizaje a corresponder
a la madera y los objetos de madera, esto depende evidentemente de si hay quien
se lo enseñe al aprendiz.”
ENSEÑAR
“En
efecto: enseñar es aun más difícil que
aprender. Se sabe esto muy bien, mas pocas veces se lo tiene en cuenta. No
porque el maestro debe poseer un mayor caudal de conocimientos y tenerlos a
disposición. El enseñar es más difícil que aprender porque enseñar significa: dejar aprender. Más aún: el verdadero maestro no deja aprender nada más
que ‘el aprender’. Por eso también su obrar produce a menudo la impresión de
que propiamente no se aprende nada de él, si por ‘aprender’ se entiende nada
más que la obtención de conocimientos útiles. El maestro posee respecto de los
aprendices como único privilegio el que
tiene que aprender todavía mucho más que ellos, a saber: el dejar-aprender. El
maestro debe ser capaz de ser más dócil que los aprendices. El maestro está mucho menos seguro de lo
que lleva entre manos que los aprendices.
De ahí
que, cuando la relación entre maestro y aprendices sea la verdadera, nunca
entra en juego la autoridad del
sabihondo ni la influencia autoritaria de quien cumple una misión. De
ahí que siga siendo algo sublime el llegar a ser maestro, cosa enteramente
distinta de ser un docente afamado. Es de creer que se debe a este objetivo
sublime y su altura el que hoy en día, cuando todas las cosas se valorizan
solamente hacia abajo y desde abajo, por ejemplo, desde el punto de vista
comercial, ya nadie quiera ser maestro.
Probablemente esta aversión se relacione con aquello gravísimo que da que pensar. Deberemos tener muy presente la auténtica
relación entre maestro y aprendices, por si en el transcurso de estas clases
llegara a nacer una especie de aprendizaje.”
Vemos en la cita que Heidegger
hace hincapié en el acto del dejar-aprender por si el discípulo pudiera
estar más cerca del aprender que el mismo maestro.
Considera que ese dejar aprender nada tiene
que ver con la imposición del maestro como aquel que sabe más ni tampoco
con la palabra dogmática o autoritaria.
Acá es conveniente recordar aquello
que justamente decía Aristóteles. sobre el conocimiento. Aristóteles filósofo griego, decía que: “todo
hombre desea por naturaleza saber”. Saber y aprender están íntimamente ligados a la creación de un mundo
cultural, es decir, un mundo humano.
APRENDER A PENSAR
Porque el ser
humano piensa es que puede crear un mundo, no porque tiene extremidades. La
creación de un universo simbólico -en el sentido que lo describe Ernst Cassirer-, implica la evolución de
determinadas formas simbólicas, tales como el lenguaje, el mito, la religión,
la ciencia y el arte.
En las palabras de Heidegger se bosqueja la
advertencia del peligro que encierra el hecho de creer que el pensar y el hacer
están separados. Pertenece al ámbito de un pensar que hace, la invención,
construcción y lanzamiento de la bomba atómica. Heidegger anticipaba con su
reflexión, su pensar de meditación, la necesidad de reflexionar sobre los
alcances de la ciencia si ésta es dejada libre a su particular interés y si
creemos que ningún proyecto político subyace a su especificidad.
“Tratamos
aquí de aprender a pensar. Acaso el
pensar no sea otra cosa que la construcción de un armario. De todos modos es una obra manual. Lo que
a la mano se refiere es cosa muy singular.
Según las ideas corrientes, la mano pertenece al organismo de nuestro
cuerpo. Mas la esencia de la mano no
puede jamás definirse como un órgano prensil corpóreo ni explicarse partiendo
de semejante definición. Órganos prensiles posee, por ejemplo, el mono, mas no
tiene mano. La mano dista infinitamente,
es decir, por un abismo de esencia, de todos los órganos prensiles: zarpa, uña,
garra. Sólo un ser que habla, o sea,
piensa, puede tener mano y ejecutar mediante su manejo obras manuales.
“Pero
la obra de la mano encierra mayor riqueza de la que comúnmente suponemos. La
mano no sólo aprehende y sujeta, no sólo presiona y empuja. La mano ofrece y
recibe, y no solamente objetos, sino que se da a sí misma y se recibe a sí
misma en la otra. La mano mantiene. La mano sostiene. La mano designa, probablemente porque el hombre
es un signo.
Mas los
gestos de la mano trascienden el habla por doquier, y más puramente allí donde
el hombre habla callando. Pero sólo
en la medida que habla, piensa el hombre, y no a la inversa, (...).
Toda obra de la mano se basa en el pensar. Por
esto el pensar mismo es el más simple y el más difícil oficio de mano del
hombre, cuando en ciertos tiempos debe ser ejecutado especialmente.”
Págs.19 a 22.
Martha
A. Lombardelli
Profesora en Filosofia
sábado, 29 de julio de 2017
Un amor diferente
Me limitaba a mirarla cuando de varias formas me decía que estaba loca. Llegó a
la pensión hacía pocos días, me impactó su belleza. Con aspecto de chica buena
del cine en blanco y negro. Estaba segura de que podría interpretar airosa el
rol de esposa joven recién casada; también la hermana mayor que prolonga su
noviazgo porque se hizo cargo de la hermanita y su padre viudo. En fin, no voy
a negar que la joven ejerciera sobre mí una gran atracción.Fácil pensarlo pero difícil realizarlo. ¿Cómo decirle que me había enamorado de
sus ojos expresivos; su cabello ensortijado, su cuerpo gentil y aniñado? ¿Cómo
sería su reacción?
La veía a la hora del almuerzo y era el momento más feliz del día. Eso me
motivó a presentarme en el desayuno y más tarde a la hora de la cena. Me
despedía con un:
– ¡Hasta mañana! – mirándola solo a ella. Más adelante, me animé a desearle
¡felices sueños! Con timidez rocé su mejilla amagando un beso. Soporté su
mirada turbada ante el gesto. No dijo nada. Eso me alentó. Pronto conversaría
francamente con ella. Ensayaba decirle que ¡la amaba! Si llegara a desaparecer
moriría de tristeza. Amaba su nombre: Eleonora. Lo repetía en silencio,
confiada en el poder de la palabra para acercar a las personas.
Por fin le confesé mi amor. Me miró sorprendida y haciendo el gesto alusivo a
mi locura se tocó la sien con el dedo índice. De mil formas me dijo que yo
estaba loca, loca, pero muy loca.
–Querida señora, ¡usted está enferma! - culminó.
No pretendía que el sentimiento fuera mutuo, solo esperaba que me comprendiera.
Creer que el amor nace de una enfermedad era muy fuerte. Ese mismo día me fui
de la pensión.
miércoles, 26 de julio de 2017
Persuasión y culpa
El peso de la culpa
Tengo
que revisar –paso por paso- todo lo que
hice. De solo pensarlo me duele la
cabeza. Esta vez fui demasiado lejos. Convencí a mi vecina de poder apropiarnos sin ningún peligro de la caja donde guarda sus ahorros el viejo del 4º C. La tremenda
culpa me atormenta.
Soy responsable
de haber actuado perversamente. Confieso
-argumento a mi favor- que lo tomé como
prueba de amor. Fue tan completo mi triunfo en obtener su adhesión a lo que le
propuse, que ella, -después de vencer su
negativa inicial-, terminó colaborando en el proyecto.
Un
viernes vendría a mi departamento y saldríamos conversando y riendo ruidosamente. Al irnos llevaríamos bolsas y
mochilas que denotarían la intención de un viaje de fin de semana acampando. Esa era la forma de despistar a los moradores
de los otros departamentos.
Elegimos
el vecino más molesto y nada amigable: le irritaba si escuchaba música, el
ruido del ascensor en movimiento y no podía soportar el llanto de niños,
incluidos los bebés. Bastó saber que era
usurero para no dudar más. Luego volveríamos a entrar sigilosamente a la
madrugada y nos instalaríamos en su departamento.
Cruzando
los balcones, entraríamos al de él. Ella colaboró en tener preparado el informe
meteorológico extendido para saber cuándo agobiaría el calor y así tener
certeza de la ventana abierta. Viví días inolvidables, su colaboración demostraba lo mucho que me
amaba.
Insatisfecho
como todo amante la convencí de que
fuera ella la que guiara el recorrido por los balcones. Aceptó. El día indicado, a la hora acordada empezó a saltar de balcón
en balcón después de darme un beso fugaz. Fue tocar el del usurero para que
todo se viniera abajo incluida mi amada.
¡Ahora me pregunto qué hacer con
la culpa!
domingo, 23 de julio de 2017
El
libro perdido
por
Martha Alicia Lombardelli - (15/10/2016)
Hay veces que pienso que mis libros –o por lo
menos, algunos de ellos- se burlan de mí.
Estoy convencida que no lo hacen por maldad. Lo hacen solo para gastarme bromas. Sucede así: de pronto recuerdo una frase, una
palabra que leí hace años en un libro. Sé que lo tengo, sé que lo leí en un
determinado año, pero no lo encuentro. Tenía una tapa amarilla. ¿O beige? No me puedo acordar. Lo leí justo cuando
estaba interesada en hacer un trabajo sobre la situación de la mujer en la Edad
Moderna ¿en la Edad Media? Me escucho
rogándole a Jesús su ayuda para encontrarlo. Inmediatamente me reprocho por molestarlo por cosas tan personales y
hasta caprichosas. Me acuerdo de Martín Heidegger afirmando la impertinencia de los entes en
desaparecer cuando los buscamos y en presentarse ante nuestras narices, cuando
no nos interesan. Pienso en dejar de buscarlo, ya aparecerá cuando no lo esté
buscando. Pero, mi deseo de encontrar
aquella frase tan importante en este momento para mí, me impide que abandone la
búsqueda. Ésta se vuelve cada vez más urgente, más frenética, más desesperada.
Me siento y tomo un mate. El mate es un amigo fiel en las buenas y en las malas.
Pero ahora no me doy cuenta si está bueno o lavado y ni me importa. Cierro los ojos para ver si enfocando los
estantes y recorriéndoles lentamente, tal como los tengo en el recuerdo,
descubriré su ubicación. Estoy a punto de llorar por momentos. También de
putear, no al libro. Eso jamás. Si no lo encuentro es porque mi memoria se toma
descanso y me deja tildada. O las neuronas se desconectan y producen eso que
llaman “lagunas”. Pues, ahora, a mí se
me produjo un océano y no haytutía. Abandono mi trasero como peso muerto sobre el
sillón y dejo caer los brazos desalentada a mis costados.
¡Qué mierda me está molestando en el asiento!
¡Ay, ay, ay, aquí está el hijo de puta! Por fin lo encontré. Claro, si anoche
lo preparé para leer lo que quería citar.
Mi libro querido. Gracias por encontrarte. Gracias por aparecer. Esta vez se te
fue la mano haciéndome bromas. Lo beso y lo beso una y mil veces. Lo acaricio y
dulcemente lo abro allí, justo allí donde hace tantos años dejé la hoja doblada
en la esquina; y la oración subrayada amorosamente con lápiz de mina blanda
para no hacerlo sufrir.
martes, 18 de julio de 2017
Arte y terror
Arte
y terror
Elaboración
de Martha Alicia Lombardelli a partir del
texto de Eduardo Grüner
El autor parte de una petición de principios[1]: es decir que no presupone una relación de entidades
preexistentes como arte y política que tratamos de poner en contacto. Más
bien, la hipótesis consiste en que: toda la cultura de occidente de la modernidad se puede entender como una renegación de lo que en los orígenes de
esta misma cultura de occidente estaba mutuamente implicado y en forma
conflictiva e inextricable.
Ejemplo la Tragedia griega se da un anudamiento
entre
lo político / lo religioso / lo estético
Sin embargo, según Weber o Simmel, lo
que se evidencia en la modernidad es que la vida de los hombres y sus actividades serán diferenciadas en tres
esferas muy precisas:
ARTE
------------- CIENCIA ----------------------RELIGIÓN
El arte estaría regido por el
principio de la Belleza
o de lo bello.
La ciencia por el principio de la Verdad o lo verdadero
La religión estaría regida por
el Bien o lo bueno, que en la vida comunitaria se manifestaría en el Derecho y lo justo.
a) Para desarrollar su idea parte de una
Instalación de Marcelo Lo Pinto y Juan Carlos Romero, consistente en una distribución de seis letras gigantescas que puestas en orden forman la palabra TERROR
El espectador puede caminar paseándose entre ellas.
Grüner aclara que no se está
estetizando la política sino que lo que
intenta aclarar -tomando este ejemplo-
es que considera al Terror una forma de la política.
En esta instalación los artistas han
evidenciado ese nudo entre arte y terror. La instalación descompone el aspecto
estético de ese paseo por el terror.
b) Otro punto de partida es una frase
–él la llama fundadora de la
modernidad- presente en la obra de Hobbes de 1651: “La más grande pasión de mi
vida ha sido el Miedo”. La inscribe en el frontispicio de su Leviatán.
El contenido de esta obra es como el acta de nacimiento
de la moderna filosofía del Estado. El
terror o el terrorismo consiste en uno de los modos de organización de la política moderna….
No esta afirmando que no se haya
ejercido el terror en toda la historia
de la humanidad. Desde los orígenes los seres humanos han utilizado el terror
para dominarse entre ellos, para explotarse,
extorsionarse, etc.
>Pero lo diferente es que ese
instrumento (el terror), en la modernidad alcanza la categoría de una lógica
universal y –fundamentalmente- calculada matemáticamente. Una especie de
máquina robótica que funciona por sí misma.
Esta lógica no está inspirada en algo
divino, o superior o producto de alguna mente particular. Tampoco actúa
obedeciendo pasiones humanas.
Es algo que, -como una máquina- funciona y sólo necesita de los seres humanos
para que le proporcionen el mantenimiento que la hace funcionar.
Debemos recordar que el universo mismo
es concebido en esta forma:
Dios crea el mundo y se desentiende.
Éste marcha por sí mismo. Es tan perfecto, diría Leibniz siguiendo la teoría
del relojero universal de Descartes,
como un reloj. Es inexorable.
El autor compara ésto con El Proceso de Kafka.
Este tipo de organización lógica del
Estado es lo que llevó a Adorno y Horkheimer a hablar de la razón instrumental.
¿A
qué se referían cuando mencionaban la razón instrumental?
A la razón que rige la eficacia entre medios y fines. Es una reducción utilitaria a la que no le
importa la cualidad de los medios ni de los fines.
Esta racionalidad surge en el campo
económico, con el tipo de producción burguesa y el intercambio de mercancías.
Esa razón instrumental buscará y
establecerá la era del equivalente general: el dinero. Equivalente que permitirá la contabilidad del intercambio. En ese
intercambio las particularidades de los objetos y sujetos no interesan. Todo
queda disuelto en la universalidad de la homogeneización por el mercado.
Algo como lo que actualmente conocemos
como la globalización.
Marx decía que ningún régimen político
y social moderno, fuera o no burgués,
logra evadir la lógica de una instrumentalidad terrorista.
Su potencia ha permeado todo el ethos
y el pathos de la modernidad
Aristóteles decía en su Retórica que el hombre no es un ser sólo
racional, sino que obedece también a las emociones.
De este modo, decía Aristóteles, para
poder persuadir, un discurso debe apelar a tres dimensiones distintas en su
audiencia: el logos, el ethos y el pathos.
Dicho
en otras palabras, un argumento nos convence cuando sus premisas nos parecen
racionales y convenientes (logos),
cuando quien nos lo dice nos merece confianza
(ethos) y
cuando el argumento apela también a nuestras
emociones (pathos).
Por lo tanto, concluimos algo que ya habíamos adelantado: que el modelo
de la instrumentalidad terrorista no es de origen directamente político sino
económico.
Cuando se establece a partir de los
textos de lo pensadores del liberalismo que
lo mejor para la humanidad, era establecer una administración que opere la división
internacional del trabajo:…. Y con ello se fundamenta el coloniaje….
También se evidencia en toda su potencialidad
en la implementación de la cadena de montaje en la producción de la fábrica
moderna.
Esa misma razón instrumental se puede
aplicar a la producción como a la organización de un campo de concentración
nazi.
“El
terror es una condición de la existencia moderna”
El arte , se puede decir que anticipó el
terror moderno con Bosch (1450-1516)
El Renacimiento lo puso en obra cuando
inventó la perspectiva, porque fijó el
lugar central y dominante del individuo moderno frente a la realidad.
El
sujeto cartesiano centro y dueño de todo lo que lo rodea, en 1632 en
el Discurso del Método.
Lo
que llevará a Lacan a decir que el universo entero queda reducido a la medida
del hombre. Es decir, a la
cuantificación instrumental.
[1] Petitio Principii (petición de principios). Es una falacia
El razonamiento dice en la conclusión
lo mismo que en las premisas.
Ejemplo Kelsen : La ley dice que la Asamblea debe ser convocada por su
presidente. Este debe ser elegido por la misma asamblea.
"...el sentido de la ley es claro; la asamblea debe ser convocada por su
presidente aun cuando este no exista...la ley contiene una disposición
absurda y tal eventualidad no puede ser excluida
absolutamente, dado que las leyes son obras humanas" ( Kelsen Hans " Teoría
pura del derecho" Eudeba, Bs.As.
1974, Pág. 175).-
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